Cristina Pacheco: La cronista de la ciudad

La primera vez que vi a Cristina Pacheco tuve la sensación de encontrar en su mirada algo familiar, quizá era esa mirada que se enfocaba en un punto ciego de la cámara que la grababa mientras hablaba.

Yo era una niña y tenía la certeza de que la gente que estaba en la pantalla nos veía a los que nos sentábamos en la sala; cuando le pregunté a mi padre si esa señora de cabello crespo podía vernos él dijo que sí con una risita cómplice. Hoy sé que como siempre, mi padre no estaba equivocado, Cristina nos ve. A todos.

Años más tarde y ya entrada en la placer de la escritura y sus extraños mundos, mi primer novio tuvo a bien regalarme un libro que cambiaría mi manera de percibir todo, se trataba de “Los trabajos perdidos (1998) de nada más y nada menos que Cristina Pacheco; comencé a leerlo con calma y debo de admitir que al terminar el primer relato me encontraba totalmente prendida de su forma de escribir: sin ataduras, ni pretensiones, ni vueltas eternas que terminan por aburrir, simplemente escribe y lo hace con tal disfrute que se transmite a sus lectores.

Cristina nació para contar historias y la vida la llevo poco a poco a construir un trayecto que resulta envidiable por tal pulcritud y profesionalismo.

Muchos la conocen por sus entrañables programas televisivos “Aquí nos tocó vivir y Conversando con Cristina Pacheco” que resultan simplemente únicos pues demuestran la versatilidad con que afronta su labor de periodista entrevistando ya sea al sector más humilde de México como a la gama más alta del mundo artístico en el país.

cristina

Nacida en el seno de familia humilde en San Felipe, Guanajuato, México, Cristina supo convertir una infancia de dificultades en un puñado de relatos que engalanarían los diarios más reconocidos del país y dándole una posición respetable dentro del mundo de las letras y el periodismo. Adoptó el apellido de su esposo el gran poeta José Emilio Pacheco al cual conoció en las profundidades de la ciudad de México, misma que le ha servido de inspiración para su obra.

Aquel día me devoré el libro entero y sentí una gran conexión con Cristina, quizá porque me identifiqué con su manera de ver la vida (de lo cual ignoro mucho) y de su hambre por contar todo lo que ve y darle sentido a esas historias que si no fuera por ella se quedarían en un limbo urbano profundo y triste.

Es la cronista de la ciudad, sabe qué caras, qué apodos, qué olores y les da forma con su inigualable forma de expresar esa emoción contenida que guarda la gran ciudad de México.

Esa ciudad que a todos los que nos atrevemos a incursionar en alguno de los campos de la escritura nos hace sentir en casa, y nos da el material suficiente para inmortalizar el sentir.

Admiro esa pasión con la que Cristina desenfunda su pluma (la cual es un referente de su persona, pues siempre la lleva en la mano, cual si fuera una extensión de su cuerpo) y comienza a formar una colección de historias que finalmente se convierten en una especie de bestiario, o un libro de la vida donde todos son alebrijes, híbridos, todos diferentes y al final tan parecidos como su autora tenga en gana.

Su última publicación se titula “El eterno viajero” en el que reivindica su pasión por darle vida a todos esos personajes que deambulan sin querer por su vida, al respecto Cristina opina en entrevista para el diario mexicano Excelsior:

“La ciudad es una contadora de historias para los que quieran escucharlas”, explica. “Si te paras en una esquina ves 200 escenas diferentes en unos minutos y oyes diversas expresiones, frases que las personas dejan caer. Y, como ahora todos hablan tan fuerte por el celular, te enteras de la vida privada de seres a quienes nunca habías visto”

Su trabajo ha influenciado en una gran cantidad de personas, entre ellas yo, una mujer que escribe como método de depuración emocional, que quiere encontrarse en la letras, que buscar en la ciudad, en la gente, la verdadera esencia del sentimiento cuya existencia es motivo para el arte.

Cristina para todos, para los taxistas, las cocineras, los directores de orquesta, los barrenderos, los coleccionistas de arte, las poetizas, los vendedores ambulantes, Cristina para los que creen que la ciudad tiene ojos y boca, que nos ve y nos cuenta; Cristina para las mujeres que aman su trabajo, que desean ser escritoras, que están enamoradas, que sufren, que enviudan a su compañero de toda una vida, así como ella, que dejó partir  su querido José Emilio y le dedica cada texto nuevo a su amor eterno.

Cristina para los que la desconocen, Cristina para México.

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