Viajar sola o no viajar… ¿he ahí el dilema?

Hace un par de años, en una de esas etapas donde cada día parece estar nublado, tomé la decisión de viajar tanto como pudiera. No importaba la duración del viaje, el punto era salir del estrés de la ciudad y respirar aires nuevos, porque eso ayuda al cuerpo y a la mente a recuperarse.

Aquí tengo que hacer un paréntesis para contar que tiempo antes, a esta decisión le precedió la de dejar de esperar a esas personas que siempre te dicen “sí” para acompañarte, pero nunca te dicen cuándo o simplemente dejan botados los planes.

¿Qué tiene que ver con la elección de viajar? Todo. Cuando entiendes que hay estereotipos y convenciones sociales que pueden romperse un poco porque limitan lo que quieres, comienzas a hacerte cargo de ti misma, de tus deseos y, lo más importante, empiezas a darte la oportunidad de conocer, de ser independiente y de dejar atrás los miedos o, más bien, lanzarte con ellos.

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Lo anterior no significa que los demás dejan no tienen cabida en tu vida o los alejas de ella; sólo quiere decir que sabes cuándo puedes hacer algo por ti misma y que, a veces, está bien no esperar a alguien para ver una película o una obra de teatro, o para ir a concierto que sólo se presentará una vez en tu vida, o para viajar.

Con esta experiencia, decidí entonces que era momento de explorar nuevos lugares, de darme la oportunidad de moverme como había imaginado y de consentirme un poco simplemente porque podía hacerlo.

El primer viaje que realicé tras esta resolución en realidad no fue sola, fue con mi madre, pero es especial porque fue espontáneo. Fue un viaje de ida y vuelta porque lo único que teníamos claro era el evento de interés; sin embargo, recuperamos fuerzas y salud como no había sucedido antes.

En ese momento entendí que podía hacerlo, con o sin acompañantes. Así que después, para viajar sola -quiero decir, transportarme sin nadie conocido y por primera vez para un largo camino-, decidí tomar un autobús a un sitio que no había visitado antes y donde se supondría encontraría a algún conocido, pero lo que pasó al llegar marcó toda la diferencia.

No encontré a esa persona, ¿qué significaba eso? Que estaba por mi cuenta, y había dos opciones: o dejaba a la incertidumbre apoderarse de mí, o avanzaba con todo y temor.

Elegir qué debía hacer no fue complicado: las horas de trayecto y mi estancia en el nuevo sitio debían valer la pena. Tenía que conocer. Además, no estaba sola ni desconectada, así que sabía que podía recurrir a mi familia o amigos en algún caso extremo.

El resultado: esos días me sentí tranquila, relajada, valiente, consciente de mí misma. Me di cuenta de que aún estamos rodeados de prejuicios e ideas que nos impiden movernos de nuestra zona de comodidad; pero aprendí que viajar es un proceso sanador.

Comprendí también que viajar sola o no hacerlo no debería ser un dilema, no debería causarnos problema. No debería ser una advertencia a nuestra seguridad. Debería ser completamente normal.
En la actualidad hay muchos grupos en Facebook, por ejemplo, y páginas donde se muestran las experiencias de mujeres que llevan muchos años viajando solas; así como testimonio de otras que un día, inspiradas por quienes ya lo han hecho, se aventuraron a viajar por su cuenta, algunas muy jóvenes y otras no tanto, pero la edad no es un factor decisivo.
Las opiniones de quienes han experimentado el viajar sola son muy similares, y las entiendes una vez que te atreves a hacerlo.

Viajar sola no es estar sola: no significa la ausencia de personas que te quieren o apoyan. Viajar sola es saber que cuentas con tu familia y amigos, que eres capaz de hacerte responsable de ti misma, que quieres aprender, que puedes conocer a nuevas personas; que construyes nuevas experiencias para nutrir tu vida y enriquecer tu trabajo, tu forma de ser o tu trato con los demás.

Viajar sola no es viajar sin un plan; es saber que estás lista para improvisar si el itinerario no sale como esperabas; es saber que puedes ser flexible contigo misma y dejar de exigirte rigidez en tu día a día.

Viajar sola es tener el tiempo para hacer las cosas como a ti te gusta: elegir a qué sitio ir, a cuál no, cuánto tiempo estar, qué comida probar…

Viajar sola es darte cuenta de que existen muchas personas buenas, que los desconocidos pueden ser los mejores aliados cuando estás desubicada, que una pregunta puede ser el comienzo de una nueva amistad o que el calor del ser humano aún existe.

Viajar sola es aprender a cuidarte, a poner atención. Viajar sola es demostrarte a ti misma que puedes hacer lo que te propongas, que estamos unidas a personas con las mismas inquietudes. Viajar sola es ganar experiencias inolvidables e invaluables.

Así que si quieres hacer un viaje por tu cuenta, ¡hazlo! Las mujeres que viajamos solas no vamos buscando el peligro, no vamos provocando a los otros, no vamos jugando con nuestra suerte. Las mujeres que viajamos solas lo hacemos porque nos place, como a quien le gusta jugar futbol o las carreras de autos, como quien disfruta de la lucha libre o de tejer, como a quien le gusta estar en casa o ir al cine.

Si lo has estado pensando y aún no te animas, lo primero que tienes que hacer es amarrar el miedo para que no te moleste y meterlo a la maleta, porque el miedo no se va sino hasta emprender el viaje.

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También haz a un lado la idea de que viajar es caro. En la actualidad, gracias a la tecnología, existen varias formas de encontrar hospedaje adecuado para tu presupuesto como el couchsurfing, Airbnb, con anfitriones que te pueden ayudar a tener una mejor estadía; hostales y campings. Compra tus boletos de avión con anticipación, aprovecha los descuentos que hacen las líneas de autobuses. Viaja en temporada baja, los precios suelen ser menores.

Haz una lista de los lugares que te gustaría visitar; mira los precios, busca si tienen descuento o si algún día de la semana la entrada es gratis. Lleva equipaje ligero. Usa el transporte local.

Anímate a platicar (de forma breve o deja que pasen las horas) con las personas de las localidades donde te encuentres y con los viajeros. Pregunta. Si eres más introvertida, mira cómo lo logró Liz.

Si no te sientes cómoda con algo, alguien o en algún espacio, déjalo, sigue tu camino, confía en tu intuición, cuídate. Envía mensajes a tus amigos, a tu familia, además de ser una forma de mantenerlos tranquilos acerca de cómo estás, también es una manera de compartirles tu experiencia; o diles que necesitas estar desconectada y disfruta el viaje.

Y si esto te suena a que debes tomar la mochila y emprender el camino (lo cual es liberador), también aplica si lo que deseas es estar sola, en un hotel lujoso o en una pequeña ciudad, sin conocer a otros, únicamente para tener tiempo para ti y tus asuntos.

Si lo planeas, si te atreves, si lo haces convencida, estarás segura, estarás bien y ganarás grandes recuerdos. Lo importante es dar el primer paso y marcar la diferencia que quieres para ti.

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1 comentario

  1. la nota que publicaste me fue demasiado util, voy a aprovecharla y mandarsela a un amigo por fb que estaba buscando lo mismo, muchas gracias por compàrtir la data 😀

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