Vivir sola tiene su chiste

Toda situación tiene su lado amable y divertido, por lo que hoy te comparto 4 historias divertidas, y un tanto insólitas, que he vivido a lo largo de estos 3 años y medio viviendo sola.

Cuando la cocina y yo no éramos amigas

“Mi mamá me mima” sí es una frase que describiría mi vida en casa de mis papás. Y aunque esta frase jamás la usaría en el mal sentido, sí es cierto que yo vine a aprender muchas cosas viviendo sola. Una de las más trascendentales, sin lugar a dudas, cocinar.

Cuando me acuerdo de la siguiente historia, pienso: “Pero si era de lógica”.

Te cuento, un día quise hacerme una pasta con salsa de tomate natural, es decir, hecha por mí. Para mí fue muy fácil poner en la licuadora tomates rojos, orégano, ajo crudo y sal de mar. Moler todo y ponerlo en el sartén. Pasados unos 5 minutos, cuando la salsa borboteaba la retiré del la hornilla eléctrica y pasé a verterla sobre la pasta que ya tenía lista. ¿En qué momento creí que una buena salsa italiana iba a estar lista en 5 minutos? Aún ahora, después de tanto tiempo, me lo sigo preguntando. Y lo que sí sucedió, fue que dejé de comer tomate un buen tiempo porque me cayó tan mal la salsa cruda que quedé invitada a no comerla así nunca más.

Además, hoy en día tengo una receta de salsa de tomate al estilo italiana buenísima que como mínimo pasa 30 minutos a fuego lento y con una preparación bastante más elaborada y detallada.

Cuando un bicho peludo me tomó por sorpresa

Cuando vives con tus papás es muy común que tengan de todo y en este caso con “tener de todo” me refiero a que seguro tienen insecticida en casa. Pero, cuando vives solo, creo que eso es lo último en lo que piensas cuando haces la lista del súper, hasta que, por supuesto, te sale una cucharada o, peor aún, una araña del clóset.

viviendo sola

Imagínate un departamento con 2 closets. Uno utilizado para ropa y zapatos y el otro, en un cuarto transformado en oficina, para adornos, papelería y cosas varias.

Bueno, el caso es que yo una tarde necesitaba encontrar “algo”, sinceramente no recuerdo el qué, pero al momento de mover una de las cajas del suelo, veo perfectamente como un bicho negro de 8 patas corre hacia el otro lado de la pared, mi peor pesadilla, ¡una araña! Y claro, como mujer que confía en que eso no sucedería nunca, no tenía insecticida.

Y yo me preguntaba en pleno colapso: “¿Qué se supone que debo de hacer?” Bueno, pues hoy yo te lo explico por si te pasa alguna vez:

Paso 1

Echarle un vaso de agua a la araña para ver si se pega a la pared y se ahoga.

Paso 2

Echarle spray para el cabello para ver si sus pelos se le pegan y se muere.

Paso 3

Echarle desodorante en spray de tu novio, para que, por lo menos si no se muere, huela rico, porque a saber a qué huelen esas cosas tan horribles.

No, ya, fuera de bromas. Todo eso lo hice y el arácnido del mal no moría. Repetí el paso 2 y 3 nuevamente y al final, después de unos 30 minutos, gané la batalla campal. Eso sí, la historia ahora sirve como anécdota chistosa solamente porque aprendí mi lección y un insecticida no volvió a faltar en este hogar.

Cuando me di cuenta que muchos caseros están no locos, sino lo que le sigue.

El primer departamento donde viví estaba en un edificio de 3 pisos. En un inicio me habían ofrecido uno de los dos que se encontraban en la planta baja, pero a los pocos días me habló la esposa del dueño del edificio diciéndome que quería ofrecerme, por el mismo precio, uno de los departamentos del primer piso, que eran más caros por supuesto.

Aún cuando me resultó extraña la repentina oferta, es verdad que yo saldría ganando y acepté. Ahora mi primer departamento tenía una ventana más grande y era mucho más amplio que el de la planta baja.

Pero, ¡oh sorpresa! Al poco tiempo, me enteré que la verdadera razón por la cual la señora me había ofrecido este otro departamento había sido porque el de la planta baja estaba al lado de la oficina de su marido. Su objetivo era que ninguna mujer viviera en la planta baja porque no quería que éste se cruzara con nadie del sexo opuesto. Verídico, insólito y yo con el ojo cuadrado.

sola

La segunda historia, trata sobre mi segundo casero. Un señor entre cincuenta y sesenta años de esos que te das cuenta que en un descuido se les van los ojos no con tan buenas intenciones. Bueno, el concepto del espacio que rentaba era un tapanco que él mismo se había dedicado a construir, pero como no era ni arquitecto, ni carpintero, tenía varios detalles que a primera vista, para mi desgracia, pasaban desapercibidos.

Eso sí, sobre advertencia no hay engaño y el chico que estaba dejando el departamento me advirtió que por la ventana de la parte de arriba se colaba el agua cuando llovía. La verdad no le hice mucho caso porque ingenuamente pensé: “¿Qué tanto se podrá colar?” Bueno, al poco tiempo me di cuenta que era suficiente para mojar el suelo de madera que daba a mi closet.

El casero, como muchos otros, ignoró mi petición de arreglar la grieta por donde entraba el agua. Por lo que, en un día de lluvia y con urgencia, mi novio hizo un arreglo casero con cosas que teníamos a la mano en el departamento, utilizando una caja de huevos con un huevo y una lámina de plástico que servía de tobogán para que el agua cayera a la regadera que estaba en la primer planta. Sí, una cosa extrañísima el diseño del departamento, pero “funcionó”.

Pasadas las semanas, sí, semanas, el casero vino a revisar la grieta, pero al ver que ya lo habíamos “solucionado” volteó y me dijo: “Ay, ¡pero si ya encontraron una solución!” Fue tal mi asombro, que no me salieron las palabras. Y así fue, como la grieta y la caja del huevo, duraron hasta que me mudé. Y sinceramente, creo que así seguirá para toda la eternidad.

¿Vives sola y tienes anécdotas curiosas que contar? ¡Cuéntanos!

Si te gustó mi artículo de hoy sígueme en Twitter en @paoquintal y espera mi siguiente entrega en la cual te hablaré sobre las cosas que más valoras de tu mamá cuando te vas a vivir sola. ¡Nos leemos en el próximo artículo!

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