Empoderamiento femenino: De lo social a lo íntimo

‘‘Ella estaba libre en su locura. Era una vagabunda, una gota de agua libre. No pertenecía a ningún hombre ni a ninguna ciudad.’’
–Roman Payne, (The Wanderess).

¿Cuántos tipos de empoderamiento femenino te acomodan?

Mucho se habla en el día a día sobre el empoderamiento de la mujer, lo vemos en espectaculares, redes sociales, memes, videos, y un largo etcétera. Pero, en lo individual y desde la trinchera del género femenino cabe preguntarse:

¿Qué entendemos por empoderamiento? ¿Se trata de seguir una corriente porque se ha puesto de moda? ¿Es estar enojadas y combatir todo el orden y desorden establecidos por un sistema patriarcal? ¿Nos adoctrina para exhibir nuestro cuerpo en pro de hacernos escuchar? ¿De dónde vienen todos esos conceptos y para qué?

empoderamiento

Las preguntas pueden seguir y las respuestas van a ser diferentes para cada quien, de acuerdo a su historia personal, el entorno familiar y cultural.

Sin embargo, coincidiremos en que, independientemente de nuestra postura, el empoderamiento de la mujer debiera entenderse como una vía de construcción, educación y modus vivendi en el cual las mujeres tenemos presencia activa-positiva en temas relacionados con el mundo y su funcionamiento, desde la política hasta los hogares.

Sin las limitantes del pasado, porque si hablamos de mujeres que han defendido sus ideales de manera pública en épocas oscuras para el libre desarrollo de la mujer, podemos citar a Sor Juana Inés de la Cruz, Alfonsina Storni, Matilde Hidalgo Procel, Elvia Carrillo Puerto y una larga lista de chicas a las que, por muchas de sus acciones y coraje, les debemos la apertura y los escenarios que hoy tenemos para seguir creciendo como género y cuando digo ‘’crecer’’, me refiero a vivir de manera más plena nuestra propia idea sobre cómo deben funcionar las cosas.

Dentro de todo ese tema del empoderamiento de la mujer, se encuentra una variable que no se expone mucho ni se difunde con tanta pasión, y es la del empoderamiento interno de la mujer con ella misma.

Vamos conquistando lo de afuera pero muchas veces descuidamos la conquista interna. Si ese tema nos suena, en una primera impresión, a algo que va más del lado espiritual o desarrollo de consciencia y que nada tiene que ver con el otro empoderamiento dentro del plano social, vale la pena hacer un stop y comprobar que realmente un concepto no debiera estar separado del otro.

El empoderamiento contigo misma, visto desde el punto más humano y noble, habla del reencuentro con el divino femenino, un concepto ancestral que para muchas mujeres se ha quedado dormido.

No obstante desde hace un par de años, ese tema y su significado han estado despertando dentro de las nuevas generaciones. El empoderamiento interno de la mujer hace el llamado a su divino femenino, una visión de vida en la cual la figura del hombre no aparece alejada.

Al contrario, los hombres (que también tienen un divino masculino esperando ser despertado) juegan un papel igual de relevante porque si nuestra idea se amplia, entenderemos que el empoderamiento individual es importante, pero el empoderamiento como sociedad (hombres y mujeres) representaría un salto evolutivo que nos ayudaría a construir y ganar por igual, entendiendo y respetando las diferencias de cada género sin luchas por más o menos.

¿Cuántas mujeres existen que se definen y asumen totalmente como empoderadas? ¿Y cuántas de esas mujeres de verdad nos reflejan una alegría y satisfacción plena sin huella de rencor, dolor o hastío?
Al pensar en estas interrogantes y, si conocemos a mujeres así, podemos ver que algo está faltando en el gran rompecabezas del empoderamiento y desarrollo de la mujer a plenitud.

Y nunca me refiero a ‘‘mujeres así’’ con desdén, queja ni mucho menos, es sólo que a veces ni siquiera nos damos cuenta de cómo estamos por dentro hasta que un día tenemos un colapso y de golpe caemos en cuenta de que algo nos faltó hacer por nosotras mismas.

El contacto con nuestro divino femenino es una pieza fundamental para ese desarrollo y parte de la gran conexión que tenemos con la Madre Tierra y todas las bondades energéticas que nos regala desde el momento en que nacemos. Su potencial es enorme y sabio e invita a cada mujer a descubrirlo en ella misma.
Se trata de una chispa de vida que contagia para conocernos, sanarnos, cuidarnos y guiarnos a partir de que le damos la bienvenida.

El divino femenino nos impulsa a explorar la mente y el cuerpo desde una perspectiva más orgánica y apreciar conscientemente el funcionamiento de cada uno de nuestros órganos y sensaciones; es redescubrir nuestros ciclos, entender desde un punto más íntimo la importancia de la menstruación y lo que representa, saber que con nuestra sangre podemos sanar las heridas de las mujeres en nuestro linaje familiar, que también son nuestras heridas.

Podemos abrazar a toda una generación de mujeres que, sin saberlo conscientemente, han hecho mucho por cada una de nosotras; forman parte de nuestro ADN y de algún modo han influido en cómo concebimos la vida, la muerte y todo lo que sucede en el intermedio.

Al trabajar con nuestro divino femenino, las emociones que a veces cargamos por años, tienen un sentido, un tipo de respuesta y de ese modo encontramos una manera más natural de liberar las que no nos hacen bien y disfrutar plenamente las que nos ayudan a avanzar.

Algunos arquetipos de mujer que nos enseña el sistema en el que crecemos, fomentan una creencia en la que si las mujeres nos sentimos vulnerables, lloramos o demostramos lo que sentimos, somos ‘‘presa fácil’’ o ‘‘menos fuertes emocional e intelectualmente’’.

Estos arquetipos han fomentado, por otro lado, que muchas mujeres castren su sensibilidad para poder ser ‘‘competentes’’ en un mundo en el que demostrar nuestra naturaleza femenina parece ser el camino incorrecto si queremos tener un buen sueldo, un buen empleo o una vida libre en la toma de decisiones.

Por eso el mensaje es claro: el empoderamiento femenino encuentra un balance más genuino si a la par se trabaja con el divino femenino, tan rico, tan vasto, tan fuerte y valioso, en el cual todas las mujeres podemos sentirnos plenas, cercanas, sonoras las unas con las otras y hacer de esta energía algo extensivo porque somos las madres, las tías, abuelas, amigas, novias o esposas que le enseñan al hombre la otra versión, la de nosotras y eso también representa una educación distinta para tener hombres más justos, empatados con su divino masculino.

Hoy se trata de empoderarnos de nosotras, reeducándonos en temas primordiales de mujer con un sentido más humano, esencial para vivir una sintonía que acompañe al resto de acciones, todas esas que aún queremos lograr.

*Ilustraciones: Monica Rohan

 

 

 

 

 

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