Casarse o no casarse (Parte 1 de 2)

Casarse, es una de las decisiones más importantes en la vida de una persona, quizás es por ello que cuando alguien está a punto de hacerlo, los comentarios que surgen alrededor siempre tienen que ver con preguntas del tipo. ¿Estás segur@ de que quieres hacerlo? ¿No crees que es demasiado pronto? ¿Y por qué no lo piensas un poco más?

Voy a contarles mi historia, porque tengo la esperanza de que si alguien se encuentra en un momento como en el que yo me encontré hace dos años, esto pueda servirle, no pretendo dar consejos; como dije, es una historia, mí historia.

Crecí en una familia matriarcal en dónde el matrimonio rige la vida de mis seres queridos, están totalmente centrados en que casarse es el único modo viable de formar una familia, la verdad es que jamás estuve de acuerdo con eso (ni con muchas otras cosas) pero es mi familia pensaba: No pueden estar equivocados.

Y probablemente no lo estaban, simplemente que ese tipo de pensamientos y/o formas de vivir no me funcionaban a mí, pero de alguna forma u otra me sentía forzada a seguirlos, quería sentirme parte de ellos, quería que me sintieran como a uno de ellos, quería “ser feliz” como ellos lo eran.

Así que un día, decidí casarme, se me metió en la cabeza la idea, no importaba el contexto o la pareja, simplemente importaba el hecho de que quería hacerlo  porque finalmente me compré la idea de que si me casaba todo iba a entrar de manera mágica en un orden absurdamente inexplicable y que al final justo ahí encontraría por fin no solo la aceptación de mi familia, sino la felicidad.

casarse

Comencé con los preparativos, y cada uno de los pasos que daba me pesaba y se complicaba cada vez más, como si la misma vida tratara de darme señales  que lo que estaba a punto de cometer no era ni en lo más mínimo el camino. Desde comprar los arreglos, el vestido, las flores y todo eso se convirtieron en retos tremendamente complicados y no se diga todo el tema de trámite de documentos, fue extenuante, pero parecía que entre más se complicaba la situación más me aferraba a que debía hacerlo.

Mi familia por supuesto entró en una dinámica y en una actitud hacia a mí que jamás había sentido, era como si por fin me hubiesen aceptado como una más de ellos, me hablaban todo el tiempo, se interesaban en mí, querían estar conmigo y yo estaba en todas sus conversaciones.

Todo estaba tan bien y tan mal al mismo tiempo, yo estaba confundida, por un lado me encantaba todo eso, pero por otro solo sentía vacío, un vacío que cada vez se hacía más grande mientras el tiempo pasaba y la fecha se iba acercando cada vez más y más…

Hasta que llegó y justo ahí comenzó la que hasta el momento ha sido mi más grande caída, así que ahora mismo quiero hacer una pausa para citar una frase de mi libro favorito: Alicia en el país de las maravillas.

Before Alice go to Wonderland she had to fall

cases
Y sí, ahí fue cuando comencé a caer, tenía los nervios de punta, una semana antes había hablado con mi madre, le dije que no quería casarme, que estaba asustada; sin embargo, ella solo intentó persuadirme, diciéndome que aquello era normal, que eran los nervios de la boda pero que al final todo iba a estar bien.

Pero yo sabía que no, que para empezar esos nervios no eran normales, que nada iba a estar bien y que lo único que quería hacer era huir y solo escuchaba una voz dentro de mí diciéndome, gritándome: “No tienes que hacerlo”.

Y lo acepto, fui cobarde, no tuve el valor de escuchar mi propia voz, decidí callarla, ocultarla, omitirla, porque tenía miedo, miedo de cancelar la boda, miedo al que iba a decir mi familia, miedo al cómo iba a decepcionarlos, miedo al qué dirían los invitados, miedo al cómo se sentiría él y miedo al cómo me sentiría yo por sentir todo esto.

Aún con todo y eso estaba ahí, en la recámara nupcial, con el vestido, los zapatos, las argollas, las flores, y mis sentimientos hechos trizas, una vez más quería salir corriendo, pero… ¿a dónde iría? ¿qué haría después? no tenía casa, ni a donde ir, así que una vez más me conté historias falsas, me dije:

Este debe ser el día más feliz de tu vida, así que disfrútalo

De modo que me metí a bañar y por primera vez en mucho tiempo disfruté de la ducha, de la sensación del agua cayendo sobre mi cuerpo, el aroma tan especial de aquel jabón, no sé cuanto tiempo pasó y tampoco me importaba de haber sido por mí me hubiera quedado ahí para siempre.

No dejé que nadie entrara a la habitación, me vestí yo sola, me quedé viendo al espejo y como era de esperarse no me reconocía, no creería que fuera yo la persona en el espejo, sentía que me estaba traicionando, así que lloré. de miedo, de nervios, de dolor, hasta que alguien tocó a mi puerta avisándome que la maquillista estaba ahí esperándome, así que la dejé entrar, y con ella entraron más personas, entre ellas mi mamá y el fotógrafo.

Tenía terror de que el fotógrafo capturara lo que en verdad estaba sintiendo, así que decidí no parar de sonreír, así es como en todas y cada una de las fotos siempre logré salir con una sonrisa…

Esta historia continuará…

 

 

 

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