¿Es fácil ser mujer en una sociedad patriarcal?

La respuesta rotunda, contundente y definitiva es ¡No!

Por lo menos no lo ha sido para miles de mujeres a través de la historia, desde la época antigua hasta nuestros días. No quiero caer en el feminismo radical, si bien es cierto que estoy en total desacuerdo con las injusticias sociales y misóginas de las que han sido víctimas mujeres, que por hechos “reprobables” fueron condenadas a la hoguera, decapitadas, lapidadas o menospreciadas en la intimidad del hogar sufriendo  maltrato psicológico, sexual y/o económico.

También es cierto que no comparto la idea del feminismo radical donde se busca  la igualdad, hasta el punto de querer desprenderse de toda energía femenina y preponderar lo masculino. En mi tesis es precisamente la pérdida del poder femenino lo que ha llevado a la humanidad al desasosiego, la competencia y la impunidad. Creo en un equilibrio de las energías tanto femenina como masculina, en un campo energético integral donde podamos convivir, conciliar y compartir  ambas energías, eso para mí sería la sociedad ideal. Una sociedad donde la mujer y el hombre se valoren mutuamente, se amen, respeten y se acompañen.

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Fuente: https://www.diaryofworld.com

¿Utópico?

Por desgracia sí. Por siglos ha existido una rivalidad irracional entre lo femenino y lo masculino. Se antoja imposible poder regresar a una sociedad equilibrada, como era la sociedad prehistórica donde las energías femenina y masculina se complementaban, es cierto que la energía femenina tenía un status superior, pero no por ello se desvaloraba al hombre, al contrario, se reconocía que la energía masculina era complementaria y necesaria para la armonía vital.

El status superior del poder femenino de las sociedades matriarcales era dado por la divinidad de la Gran Diosa, dadora de la vida y la armonía. La Gran Diosa representaba la fertilidad, la naturaleza y la luz que da vida. No era un ser superior al Gran Dios. Era su compañera de vida, ambos eran valorados el uno por el otro y formaban un perfecto equilibrio entre la energía femenina y masculina. Lo cual se reflejaba en la armonía social que imperaba en las sociedades prehistóricas.

El hombre era cazador, agricultor como actividad preponderante y la mujer estaba encargada de los hijos, la comida y mantener la armonía en el hogar, como actividad preponderante, aunque participa en la caza y la agricultura, por razones de maternidad no podía dedicarse por completo, sin embargo la mayor parte de su vida participaba ambos en las dos funciones. ¿Qué había de malo en ello? Absolutamente nada, todo era armonía y paz.

Todos los seres humanos tenemos las dos energías en nuestro cuerpo, una de ellas prepondera a la otra, es usual que en la mujer tenga más poder energético femenino y en el hombre el poder energético sea masculino.

La energía femenina es lo cálido, lo amoroso, emana del corazón, por ello su energía la desbordaba en mantener la paz y el amor en el hogar, estaba más capacitada para ello. La energía masculina es la fuerza, la racionalidad, el valor, emana del cerebro, por ello su papel social era lo implica fuerza, racionalidad, estaba más capacitado para ello.  Las dos energías se completan, no rivalizan, vivían en armonía.

Fuente: http://www.consciouslifestylemag.com/

¿Qué paso entonces?

Se desvalorizó la energía femenina, esa que mantiene la paz y el equilibrio por su naturaleza cálida, armoniosa, amorosa. Los hombres se vieron “fuertes” ocultaron su propia energía femenina y enterraron la energía femenina en un panteón que pusieron por nombre “patriarcado”.

Sustituyeron a la Gran Diosa y al Gran Dios, por Dioses temibles, vengativos, dictadores y opresores de la raza humana. Y para que no volviera a surgir el poder de la energía femenina, minimizaron a la mujer, la sometieron por la fuerza y la condenaron a nacer de la costilla del hombre.

La sociedad patriarcal surge en el momento que el poder de la energía femenina es enterrado, desvalorizado y oprimido. El hombre es “Dueño” de la mujer, los hijos, los bienes con los que puede hacer lo que le plazca. Es la autoridad, la justicia, el que sabe, el que piensa, el que decide, el otorga, el que quita, el que da, él es el todo poderoso. La sociedad patriarcal es un mandato divino, postulado que utilizan los hombres para legitimar la supremacía masculina. Era necesario crear divinidades que desestimaran a la mujer, para convencerse y conversarlas que su papel era el sometimiento al hombre.

Si un ser superior dicta que el hombre es el dueño y señor de la mujer es más fácil domesticarla porque la mujer acepta con resignación ser desvalorizada y humillada por que el cielo lo determino de esa manera. Y aun así no entendiera la mujer cuál es su rol social, entonces el hombre se lo recordará golpeándola con fuerza, humillándola, violándola, sobajándola o simplemente descalificándola socialmente.

El machismo  ha sido preponderante en casi todas las civilizaciones antiguas China, Roma, Grecia… con diferentes mitos de la creación, diferentes divinidades, pero con un denominador común “La mujer debe ser sometida al hombre”.

Me detendré en el mito de la creación monoteísta, porque considero que engloba toda la misoginia que se ha adaptado a los diferentes periodos de la historia de la humanidad.  Empecemos por que un Dios (varón) todo poderoso decide crear al hombre, pero lo ve solo, entonces decide crear a la mujer.  Génesis 2.22  Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Génesis 2.23 Adán dijo: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada.

Desde ese instante la mujer fue condenada a la supremacía del hombre, era parte de él, le pertenecía, gracias a él existía. Durante miles de años la mujer fue sometida a ser Eva; sumisa, culposa, resignada y cosificada. La convirtieron en instrumento sexual, cuyo objetivo era traer varones al mundo para continuar con el legado patriarcal, el deseo y el placer se volvieron pecado.

Aquella mujer que se atreviera a sentir la condenaban, la que cometía adulterio la lapidaban, la quemaban en la hoguera, la decapitaban, dejaba de ser Eva; se convertía en Lilith la lujuriosa, la rebelde, la pecadora, la que abandonó el paraíso, la cananea.

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Fuente: http://sadlittlehill.com/

¿Qué hubiera pasado si en lugar de Eva, fuera Lilith?

Lilith, la primera mujer de la creación, antes de Eva; aquella mujer que no permitió el dominio masculino, que defendió su lugar a lado de Adán, no por debajo de él. La que no se nombra, la que se oculta, la que abandona el Edén porque no estaba dispuesta a la sumisión. Génesis 1:27 «y creó Dios al hombre (Adán) a su imagen, a imagen de Dios los creó; varón y hembra los creó»

Lilith se vuelve el demonio que tentó a Eva, el icono de la mala mujer, la lujuriosa, la pecadora; porque decidió una vida diferente. Si Adán hubiera aceptado el amor de Lilith como complemento, entonces no hubiera gobernado el patriarcado, el machismo y la humillación histórica de la mujer.

Por: Borisov Dimitri

Ahora condenada a soportar la lucha interna entre la energía de Eva y la energía de Lilith, entre lo sumiso y lo rebelde, entre el tabú y el placer, entre el silencio y la protesta, entre lo real y lo etéreo.

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