La vida es eso que tienes frente a ti

Salgo del cine y me conecto con una sensación de felicidad, de esas que no se pueden describir con palabras, pero que te inundan de una manera que no puedes dejar de sonreír, que hay algo dentro de ti que te dice que la vida está llena de oportunidades para empezar a vivir de manera diferente a partir de ese mismo instante.

Hace tiempo, una amiga me mandó por Whatsapp un mensaje promoviendo una película que se realizó con un fin 100% benéfico y cuya recaudación está destinada a ayudar a los niños enfermos de cáncer. Recibir esto me entusiasmó porque es una causa que me mueve profundamente y a la que, en la medida de mis posibilidades, he tratado de unirme y apoyar.

Honestamente, en ese momento me fui “como hilo de media”, sin pensar, sin analizar, simplemente movida por el impulso de sentirme parte de esto que, para mí, es una causa digna de gritarla al mundo. Así, con la ilusión de que todo el mundo respondería con la misma vehemencia y empatía con la que yo recibí ese mensaje, decidí empezar a difundirlo.

He de confesar que estoy bastante en contra de reenviar cadenas y cualquier tipo de mensaje viralizado por medio de redes sociales y, al igual que yo, mucha gente está bastante cansada de tanta saturación por medio de los chats. Tal vez por eso no obtuve mayor retroalimentación acerca de mi mensaje y esa indiferencia me parece comprensible, aunque un tanto desilusionante. Mi sorpresa llegó cuando en un grupo recibí comentarios muy negativos sobre la película –cabe mencionar que en ese entonces aún no se había estrenado en nuestro país-. Mi primera reacción fue decir: “¡Chin! Creo que debí de haber investigado antes de recomendarla”.

Mi cabeza empezó a girar como ratón de laboratorio. En un instante, ya estaba yo metida en YouTube buscando el tráiler para comprobar si no había hecho yo una barbaridad promoviendo algo que yo no había visto. ¿Cuál fue mi sorpresa? Que el corto no mostraba absolutamente nada relacionado con los comentarios que, según esto, habían leído sobre este largometraje. Al contrario, llamó más mi atención y acrecentó mis ganas de verla. A partir de ese momento, mi pensamiento dio un giro y decidí que solamente viéndola podría crearme una opinión propia acerca de ella.

¿A qué viene toda esta historia?…

Originalmente, empecé a escribir este artículo con un hilo conductor y una idea completamente diferentes. Lo que no imaginaba es que, sentada en el comodísimo sillón del cine, la película “The Healer” (“Lo que de verdad importa”, en su traducción al español) me iba a mover tantas emociones y a llenar mi cabeza de tanto sentido y, de manera casi milagrosa, ese artículo que empecé a escribir días antes se empezó a fusionar con todas las enseñanzas que me dejaba cada escena.

Y aquí es donde empiezo a integrar todo y comienza a tomar forma lo poco o mucho que mi capacidad de hacer conciencia haya podido absorber, no sólo durante la película, sino en el camino de conexión interior que la vida me ha dado la oportunidad de experimentar en los últimos años.

Así, en ese momento en que, en la oscuridad de esa sala, pareciera envolverme una sensación de serenidad que me sintoniza con mi modo reflexivo,  mis pensamientos empiezan a hacer de la suyas y surge la pregunta:

“¿Qué oportunidades te regala la vida?”

Instantes… Segundos… Momentos que se pasean frente a nosotros sin percibirlos siquiera. Y así la vida nos pasa de largo, a veces controlados por nuestros miedos o atrapados en lo único que conocemos, sin distinguir la diferencia entre estar presos dentro de nosotros mismos o mirar hacia ese mismo interior con los ojos del descubrimiento.

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He de confesar que yo me declaro fan absoluta del destino y de la idea de que cada persona está en el lugar y momento perfecto siempre y, aún así, me queda muy claro que esta teoría no existe para quedarnos cruzados de brazos, esperando a que llegue todo aquello que está pensado y planeado para nosotros.

Hay miles de maneras en que la vida nos invita a enriquecer nuestro paso por este mundo y suceden todos los días. La interrogante es:

¿Estamos listos para abrirles la puerta?

¿Nos atrevemos a perder el equilibrio por un momento para ver lo que hay más allá del precipicio?

Nadie dijo que fuera fácil… Muchas veces me he detenido a pensar por qué saboteamos nuestra propia felicidad. La verdad, a mí me llevó 39 años de mi vida darme permiso de ser imperfecta y entender que buscar, tropezar, equivocarse, darse cuenta de que algo no te funciona y buscar otros caminos hasta que encuentras lo que te hace sentido en ese momento de tu vida no te hace inestable o inmaduro. Al contrario, te reafirma que, por fin, estás entendiendo de qué se trata la vida.

La vida es movimiento, es evolución… Permanecer estático no es necesariamente sinónimo de estabilidad.

“Todos los días representan un lienzo en blanco, lo puedes pintar de colores o puedes hacer una exposición de nadas al final de tus días”

-Alejandro Sanz-

Yo creo firmemente que a todos, sin excepción, se nos ha regalado algún don y no solamente nos toca descubrirlo, sino aceptarlo y ser generosos con nosotros mismos, porque estos regalos nos han sido dados en primer lugar para encontrarnos a nosotros mismos y en segundo, para ser luz en la vida de los demás.

Tal vez parece imposible creer que alguien pueda rechazar un regalo y es que, hasta para aceptar eso, necesitamos estar dispuestos a recibirlo, al igual que las oportunidades de las que hablaba antes. Definitivamente, cada cosa, persona o situación que se cruza en nuestro camino tiene un propósito y necesitamos de ellas para saber que el universo está lleno de infinitas posibilidades.

 Honestamente, esto vuelve la vida mucho más emocionante, ya que cada instante y cada persona pueden volverse especiales. ¿Te imaginas salir a la calle con esa expectativa? Como cuando eras niño y todo lo veías con la ilusión de la primera vez… Cada cosa, hasta lo que pudiera parecer insignificante, podría cambiar el curso de tu vida.

Probablemente, resulte difícil al principio, pero intenta hacer el ejercicio y mira las cosas con otros ojos cada vez que te acuerdes. Observa a las personas, trata de mirar más allá de lo que se ve a simple vista, dale significado a las pequeñas cosas, agradece un “buenos días” o una simple conversación en una sala de espera. Nunca sabes qué dones les han regalado a los demás que puedan compartir contigo y hacer tu vida más valiosa. Pon tus 5 sentidos a disposición de la vida.

Me alegra mucho, después de todo, haber tomado la decisión de ver la película. La volvería a ver muchas veces más, si bien para encontrarle nuevos significados o para experimentar esa sensación de tener el corazón lleno de amor. Eso es lo que necesitamos, historias que nos hagan recuperar la sonrisa y la capacidad de sentirnos vivos… de volver a respirar.

“Si te ilusiona, te mueve, te emociona, si te da curiosidad, te hace soñar, te entusiasma, si te da paz y plenitud… Es para ti”

Y tú, ¿Con qué ojos ves la vida? ¿De cuántas cosas te has perdido tratando de cubrir la expectativas de los demás?… Vivir es descubrir el mundo por ti mismo.

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