Lo NO tan jodido de entrar a los 30

Ya sé que está muy masticado, muy leído y muy gastado el tema de cumplir 30, pero queridas lectoras, estoy a un mes de entrar a esta próspera y bella edad y les confieso que los he estado esperando con muchas ganas, así como lo leen, YA ME URGÍA QUE LLEGARA ESTE MOMENTO…

-¿Pero Lizzy, te has vuelto loca?-  esto es lo que me ganaba todas las veces que expresaba mi entusiasmo por llegar a esta edad y es obvia la pregunta porque ¿quién carajos quiere envejecer?

Toda esta ilusión se remonta al 2004, cuando a mis 17 años vi una película que se llamaba -Si tuviera 30-  (seguro la vieron). Hay una escena donde Jenna Rink, la protagonista, repite una y otra vez a manera de deseo: “ Tener 30, ser coqueta y próspera”.  Ella deseaba dejar su cuerpo de 13 años para tener 30 y ser como las chicas de revista: guapas, exitosas y prósperas.

-¿Pero qué tontería dices?- esa respuesta también me la ganaba cuando les contaba la breve historia del por qué lo deseaba, y sí, realmente es una estupidez. Maldita película me marcó durante trece años. Me idealicé tanto que me urgía llegar a esta edad porque pensaba que sería el apogeo de lo que uno persigue como propósito en la vida: tener dinero, ser delgada y feliz.

Pero ¡OH SORPRESA! Aterrizo en mi realidad y estoy muy lejos de ser eso que deseaba porque en resumen: ni soy delgada, ni soy exitosa (bajo mis estrictos parámetros adolescentes de aquel entonces) y lo de próspera tengo mis dudas; según la RAE la palabra próspera hace referencia a una persona con éxito económico, y sinceramente mi cuenta bancaria está en rojo pero no sé qué signifique jejeje (risa incómoda). Ésta es mi realidad a mis casi 30 años.

La semana pasada leí un artículo que tenía por título “Las mujeres no podemos (ni deberíamos querer) tenerlo todo” y es una de las razones por las que me animé a escribir este artículo. Mis expectativas de vida a los 30 era  TENERLO TODO, tendría que ser la edad en la que me realizara como ser humano y el éxito/dinero fuera abundante… ¿Pero en serio nací para perseguir esto?¿Esto es la felicidad?

Pues ahora lo digo, eso que deseaba a los 17 ya no es lo que quiero ahora, y no porque la vida me haya alcanzado, es porque ya crecí como ser humano y mis prioridades cambiaron. Es el curso normal de la vida, los años no pasan solamente para ser más viejo, el propósito es crecer como persona.

El verdadero valor de alguien no radica en lo material que posea, es su esencia y actitud lo que determinan a ese ser humano, es la chispa con que recibes lo que te toca por destino, por suerte o porque así lo buscaste, y sé que suena a cliché, pero es una realidad; la magia de la vida es exprimir cada segundo porque no sabes en qué sitio vas a estar parado mañana y los apegos en esta vida tan llena de cambios sólo nos hacen dependientes.

Debemos aprender a soltar, a recibir y a ser felices.

30

Antes de que me surgieran las ganas de escribir esto, estaba leyendo un libro que se llama  “La magia de ser Sofía” (voy a menos de la mitad, así que no puedo recomendarlo aún). Sofía, la protagonista (obvio), está a punto de cumplir los 30 y justo narra el lapsus sentimental y agobio que rodea el tema. Socialmente te exigen muchas cosas como si fuera ley cumplir las expectativas de los que te rodean.

Que si ya sentaste cabeza y la boda para cuándo (porque ser solterona es imperdonable), si ya pronto los hijos, si tienes trabajo estable en una empresa de renombre (porque el freelance es de vagos), si ya compraste una casa, si te cuidas la piel, si comes bien y de acuerdo a la edad ¡WTF! ¡Madre mía! ¿En dónde firmé el contrato para cumplir todo esto?

Con lo anterior tampoco quiero expresar que las mujeres que desean cumplir con las exigencias sociales están mal. Lo que está mal es que no sea opcional y que se establezca un lapso de tiempo, como si fuéramos un proyecto con fecha de entrega. Se puede tener todo lo que queramos y decidamos, pero no se puede cumplir con las expectativas y exigencias de la sociedad si no lo queremos así.

Llegar a los 30 también es un momento de revelación; si viviste en standby esperado este momento para no sé qué (nos pasamos de darle tiempo al tiempo) y no estás satisfecha con tu vida, prueba otra cosa, cambia de trayectoria, toma la maleta y cambia de rumbo.

Siempre es buen momento para reinventarse, sigue tu instinto y ver por ello.

En fin, si creían que el impacto emocional era todo… PUES NO. Además de soportar el tormento anterior, también nuestro cuerpo nos va diciendo de a poco que ya no somos las mismas de antes. Los cambios naturales se van haciendo visibles pero no es motivo de suicidio chicas. Sabíamos de cierto que no íbamos a poder vivir siempre de fiesta y comiendo Doritos y bebiendo Coca Cola (les acabo de revelar mi dieta).

Los cambios comienzan con algo tan básico como la pérdida de la memoria. Estas clásicas preguntas las harás con mayor frecuencia: ¿A qué venía?, ¿En dónde dejé el celular?, pero tranquila que no es nada grave,  porque para que llegue la pregunta devastadora ¿y tú quién eres? falta un montón jaja.

Lo que sigue es la aparición de las primeras “patitas de gallo”, pero recuerda que la función de la piel es protegernos del sol y mil cosas más, nuestro trabajo será mantenerla hidratada y no tiene nada de malo usar cremitas especiales para eso. Al contrario, cuidarte es parte del proceso de madurez.

Llegamos a un punto devastador: ¡Hola gravedad! Basta un pequeño empujón para que todo se caiga, la pérdida de firmeza de la piel comienza a ser evidente así que…. a tonificar el cuerpo, el ejercicio es nuestro mejor aliado.

Si usas gafas como yo, este punto nos da igual pero me veo en la obligación de contártelo. Cada década perdemos agudeza visual, es decir, perdemos 3 dioptrías cada 10 años y no quiero hacer cuentas pero es un hecho que leer con gafas será parte de nuestro día a día.

Este punto me causa un hueco en el estómago porque soy de las que disfruta mucho de comer y ya no podré hacerlo como antes porque el metabolismo se vuelve lento, por lo tanto gastará menos calorías. Aquí sí debemos de hacer cuentas y limitarnos ciertos gustitos para tener un cuerpo sano. Lo que queremos es vivir bien para realizar todos los planes que tenemos en mente porque la vida sigue, pero nuestro motor necesita un buen aceite, así que cuídense. Pero ojo: este punto no trata de estética, trata de salud y yo quiero que estén sanas y fuertes.

Llegamos al final de la lista ¡por fin! y tiene que ver con algo que a veces resulta inevitable no ingerirlo: El bendito alcohol. Pero la bebida no es el problema, lo malo es la resaca después de un día de fiesta, se siente como una muerte lenta y eso se debe a que el hígado ya no descompone el veneno y desintoxica el cuerpo como antes. ¿El remedio? No lo hay por desgracia, sólo hay que moderarse y ser prudente.

Y bueno, sé de sobra que no es fácil asimilar de golpe tantos cambios, sé que la presión social nos jode y nos orilla a autoflajelarnos por no cumplir las expectativas de los que nos rodean. También sé que a veces nos perdemos a nosotras mismas por tratar de cumplir estándares pero:

¿Por qué satisfacer a otros si la opinión que debe se importarnos es la que tenemos de nosotras mismas?

Llegar al tercer piso no es más que un motivo de celebración, porque a pesar de que brincamos de década, sólo nosotras decidimos a qué ritmo queremos vivir. ¡¡SEGUIMOS SIENDO LIBRES !! Treintonas pero libres.

Lo que escuchaba mientras escribía:

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