El mejor papá del mundo
papá
Fuente: Giphy

Una historia verídica redactada en forma de cuento infantil que describe las adversidades y experiencias que abarca ser un papá soltero con dos niñas pequeñas, la dulzura de la paternidad.

Había una vez en una ciudad fronteriza un papá soltero de 30 años que tenía dos niñas pequeñas una de cinco y la otra de seis.

La más chica era la más inquieta y traviesa, en cambio la grande siempre fue mucho más comprensiva con su papá. A sus seis añitos cuando se le antojaba algo como un pan, antes de pedirlo le preguntaba primero a su papá como le había ido en su trabajo, si respondía que bien entonces aprovechaba a decirle que se le había antojado un pan y si creía tener dinero para uno, entonces el papá sonriente respondía, claro que si mi niña.

Su papá fue por ellas de un lugar muy muy lejano, se las llevó a una ciudad nueva en todos los sentidos, como el papá no tenía casita ni mucho menos un castillo no tuvo otra opción que llevárselas a vivir con él en su trabajo.

Desde que llegaron a la nueva ciudad tuvieron que ir a psicólogos y juzgados, las niñas no entendían bien porque tantas pláticas pero su papá siempre las convencía de que sería la última vez, hasta que un día por fin esos días se terminaron.

El papá se dedicaba a cuidar unas oficinas (velador) para que los ladrones no entraran, las niñas siempre vieron a su papá como un héroe.

Dormían los tres en una de las oficinas, hacían tendiditos en la alfombra y a veces cuando el calor humano no era suficiente, hacían trampa y ponían la calefacción para calentarse un poco más.  

Todas las personas de a su alrededor los miraban con ternura, como dos niñas tan pequeñitas querían tanto a su papá, y es que como no quererlo, si era el papá más cariñoso del mundo aunque también el más gruñón, pero era tan divertido como papá que sabían que su enojo no duraba tanto como él creía.

Les gustaba mucho ver películas juntos, su favorita era la del súper ratón y Rosita Alvirez, esta última película que se trataba de una niña que va a una panadería y al regresar a su casa le matan a su papá, era la parte más triste porque era muy triste ver como lloraba, ninguna niña merece estar sin su papá.

 

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Hubo una temporada en la que la casa de estos tres era un Chevrolet café 89 las posiciones de cada uno eran perfectas, el papá dormía en el asiento del conductor, la niña mayor en el lado del copiloto y la niña pequeña por ser la más chaparrita, le tocaba lo mejor, en la parte de atrás, podía estirar los pies muy bien.

El ritual para dormir era de atrás delante, es decir, primero tenía que acomodarse la niña menor para que posteriormente los otros dos pudieran reclinar su asiento hacia atrás.

La nena más pequeña le gustaba imaginar que si un día podía mantenerse despierta toda la noche, sería la primera niña en el mundo en que no durmió por una noche, tal vez saldría en las noticias y sería una noticia mundial, pero no, nunca pudo mantenerse despierta, siempre la vencía el sueño.

Poco tiempo después tenían que incluirse a la escuela el papá decide que será necesario que alguien más las cuide, porque solo no podría.

Fue difícil no ver a su papá todos los días, estaban tan acostumbrados a él que la separación fue muy triste, ahora solo se miraban fines de semana pero poco a poco se adaptaron.

A las niñas las cuidaron 3 familias diferentes por periodos de dos años cada una, por lo tanto la niña menor, fue a 3 primarias diferentes.

En muchas ocasiones el papá las sorprendía llevándolas a la escuela en el mismo chevrolet 89 y se quedaba dormido en el auto esperándolas hasta que ellas salían de la escuela.

Los cumpleaños eran lo mejor del año, porque siempre había un pastel grandote, aunque el papá siempre decía que no tenía mucho dinero, pastel nunca faltaba.

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El papá siempre fue muy cariñoso con las niñas, les enseño cosas básicas de supervivencia desde cómo se hace un huevo hasta como se pone una toalla femenina (que por cierto, él iba a comprar a la farmacia).

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Les enseñó a que nadie debía tocarlas incluyendo él que era su papá. Les enseñó que las promesas se cumplen y que la familia siempre siempre es primero.

Cuando las niñas tenían 13 años les daba pláticas de métodos anticonceptivos, les explicaba entre risas que lo de menos era tener un bebé, lo importante era prevenir las enfermedades venéreas.

Y siempre terminaba diciendo “Si sienten la necesidad de estar con alguien y no hay nada con que cuidarse, las bolsas del pan bimbo también les pueden servir”  los tres siempre reían a carcajadas después de eso.

El papá siempre fue un papá afectivo, le encantaban los besos, los abrazos, las cartitas que su hija menor le escribía frecuentemente.

Fue un papá transparente, nunca ocultó sus emociones ni sus sentimientos, cuando sus hijas hacían algo que no estaba bien, les decía con sus ojitos llorosos “esto no está bien hija, tu única responsabilidad es la escuela, lo demás es mío solo pórtate bien” y posterior a cada regaño era un abrazo y un recordatorio de lo mucho que las amaba.

En más de una ocasión cuando el papá tenía una novia y le presentaba a sus niñas todas dejaban de salir con él poco tiempo después. La niña menor de alguna manera se preguntaba si había sido su culpa por haberles preguntado ¿Tú serás mi mamá nueva? con los ojos brillosos y la sonrisa esperanzada. Incluso alguna vez le prometió a una, ser buena hija, si ella aceptaba. Las chicas solo sonreían, pero ninguna se quedaba.

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Los 10 de mayo eran la fecha más triste del año, no había a quien felicitar, pero el papá les decía que él era su papá y su mamá. Las niñas entonces lloraban de felicidad de tenerlo a él.

Entre casetes de Tatiana, caricaturas, muñecas, uniformes escolares y trenzas, mi papá se convirtió en el mejor papá del mundo sin proponérselo.

La nena menor soy yo, ahora con 28 años casi la edad que mi papá tenía al quedar soltero ahora  viendo todo desde otra perspectiva, si bien nadie elige que padres tener ni mucho menos que hijos tener, agradezco a la vida el papá que la vida me dio.

Fue y es  mi mejor maestro, todo lo que soy se los debo a mi hermana y a mi papá, nunca olvidaré por lo que pasamos ni tampoco lo cambiaría, todo es aprendizaje y las experiencias son para atesorar en el corazón y recordar lo grande que somos como familia.

“Un buen padre vale por cien maestros”
Jean Jacques Rousseau.

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