La violencia de género es real y no es normal

El 11 de junio inicie el día con el cabezal “Encuentran en Neza cadáver de Valeria”. Tal vez muchos o pocos leyeron y siguieron este caso, sin embargo mencionarlo nos hace recordar y tener presente la inseguridad que todas las mujeres vivimos cotidianamente.

Fue el jueves 8 de junio cuando el padre de Valeria la subió a una combi de la ruta 40 para protegerla de la lluvia, el padre alcanzaría a su hija metros más adelante en su bicicleta. Nadie, incluso yo al intentar imaginar lo sucedido, pudiera imaginar que no la volvería a ver.

¡Tenía 11 años carajo!

Entonces, ¿quiénes pueden ser víctimas de feminicidio?

De acuerdo a los datos del Sistema Nacional de Información en Salud (SINAIS), se han presentado desde el 2008 al 2012 más casos de feminicidios en mujeres mayores de 45 años, en el caso de los que sean han catalogado como homicidios, en su mayoría se han cometido en contra de mujeres de 15 a 29 años. En cuanto a la escolaridad los datos arrojan que las victimas de feminicidio han tenido una educación menor a primaria y han estado casadas o viudas.

Aunque las estadísticas nos muestren aquel perfil, no significa que estemos exentas, solo basta con indagar en los periódicos o portales de noticia de tu localidad para que te des cuenta que en la violencia de género no hay distinción o ¿acaso el muerte de Valeria no lo demuestra?

A través de estos datos y casos se aprende a distinguir que las normas sociales que la cultura y las tradiciones imponen, están por encima de los derechos. Que estamos muy lejos de ejercer igualdad y a unas horas de que lleguen más noticias de alguna violación de los derechos de las mujeres.

Quizá personas haya fuera crean que mucho se ha dicho de los feminicidios, pero la realidad es que no sea dicho lo suficiente y la muerte de todas las mujeres lo gritan. Nada hemos entendido, nada hemos hecho y ojala ese nada implicara un no hay más mujeres muertas.

Las cifras y la poca información que se tiene lo evidencia, por más que se intente esconder la verdad está ahí presente; en cada nota, en cada anuncio de sus rostros pidiendo ser encontradas y en cada familia que exige justicia.

En estos últimos días en mi cabeza el nombre de Valeria de 11 años, Mariana de 18 y Karla de 22 están presentes, me han provocado indignación tanto por el hecho de haberlas perdido como por no haberles hecho justicia.

No puedo evitar imaginar que pude haber sido yo, mi madre, mi hermana, mi hija, mi tía, sobrina, amiga, compañera, conocida o la chica que paso a un lado mío. Entonces recuerdo aquel día, cuando pude haber sido una de ellas si aquel hombre me hubiese interceptado en otra calle, si aquellas personas a lo lejos no me hubieran hecho pensar que podía correr hacía ellos, si aquel movimiento de sus manos dirigiéndose hacia mi brazo no me habrían despertado… Claro, hasta ese momento no había entendido que sí, me estaba sucediendo. Aquel hombre de un metro 60 aproximadamente, moreno, de cuerpo robusto me estuvo siguiendo 3 cuadras y había esperado a que saliera de la universidad. No fueron mis suposiciones, fueron sus palabras.

La denuncia dicen que es el primer paso para hacer justicia, pero ¿cómo nos acercamos a ese paso si la confianza hacía ellos ya no existe?, ¿si acudir a sus instalaciones con la certeza de que te escucharán y te ayudarán, es solo poesía legal? No dudo que afuera existan autoridades que intentan hacer su trabajo, porque si las hay, como aquel policía que me auxilio y me exigió ir a denunciar. Sin embargo al llegar a la Procuraduría me dicen que no pueden tomar mi denuncia —“no logro tocarte, entonces no podemos hacer nada, pero podemos hacer lo siguiente, en dos días regresa por la misma calle y probablemente te vuelva a seguir, ve con un familiar, si se te acerca llama a la policía y lo agarramos”— dijeron.

Las autoridades no quisieron tomar mi caso con seriedad, me hicieron sentir por un momento que yo exageraba la situación, pero la realidad es que todo aquello que implique un acto de violencia aunque en el momento se evite, es algo a lo que se le debe de dar importancia. Si las autoridades no están capacitadas para actuar en estos casos ¿cómo actúan ante casos de feminicidio?

En lo que va del año, de acuerdo a la nota de NSS Oaxaca, han sucedido “74 feminicidios” en Oaxaca y lo escribo entre comillas porque solo son esos los que sean considerados así, a las demás mujeres a las que les han arrebatado la vida se han convertido en un homicidio más. Aunque ¿tiene que ser un feminicidio para que nos den respuestas?, ¿no los homicidios también necesitan esclarecerse?

En México la ola de violencia contra mujeres y niñas se empezó a dar a conocer en 1993 en Ciudad Juárez, pero apenas hace unos años la palabra feminicidio y violencia de género han tenido presencia en los medios y en la mente de algunos, ¿Por qué? quizá porque creemos que es normal que nos insulten, que nos agredan, que a pesar de decir no sea un sí, que nuestra vestimenta les de derecho sobre nuestros cuerpos, que el simple hecho de ser mujer sea como tener una etiqueta en la frente diciendo ¡Hey aquí estoy, puedes hacer lo que sea conmigo!

¡NO, NO ES NORMAL!

El feminicidio es nuevo en nuestras mentes y viejo en los hechos, pues en el 2014 el termino feminicidio se incorporó al Diccionario de la Lengua Española, mientras que en ingles la palabra Feminicide fue aceptado desde hace más de 3 décadas. Ahora pensemos, si en nuestro vocabulario es reciente ¿cuándo realmente estará en nuestras mentes, a pesar de que llevamos más de 24 años perdiendo mujeres?

Todos y cada uno de los feminicidios muestran la salud de la sociedad en la que vivimos día con día, donde aún las mujeres siguen siendo vulnerables sin querer serlo, donde no podemos vestir y andar sin preocuparnos de provocarlos, y de provocar nuestra propia muerte. No exagero, las mismas personas que deberían de hacernos justicia lo dicen.

“Los cuatro casos de asesinato de mujeres que se han tenido en el mes han sido tratados como feminicidios, pero aún se está evaluando si estos se cometieron de esta manera, o bien si son consecuencias derivadas del propio comportamiento de las víctimas” dijo el procurador de San Luis Potosí, Federico Garza al diario La Orquesta.

En nuestro país en el Art. 325 del Código Penal Federal se estipula lo siguiente:

Comete el delito de feminicidio quien prive de la vida a una mujer por razones de género. Se considera que existen razones de género cuando concurra alguna de las siguientes circunstancias:

  1. La víctima presente signos de violencia sexual de cualquier tipo;
  2. A la víctima se le hayan infligido lesiones o mutilaciones infamantes o degradantes, previas o posteriores a la privación de la vida o actos de necrofilia;
  3. Existan antecedentes o datos de cualquier tipo de violencia en el ámbito familiar, laboral o escolar, del sujeto activo en contra de la víctima;
  4. Haya existido entre el activo y la víctima una relación sentimental, afectiva o de confianza;
  5. Existan datos que establezcan que hubo amenazas relacionadas con el hecho delictuoso, acoso o lesiones del sujeto activo en contra de la víctima;
  6. La víctima haya sido incomunicada, cualquiera que sea el tiempo previo a la privación de la vida;
  7. El cuerpo de la víctima sea expuesto o exhibido en un lugar público.
Fuente: Excélsior

Sin embargo en entidades como Aguascalientes, Baja California Sur, Campeche, Durango, Michoacán, Querétaro y Quintana Roo; si un hombre asesina a su novia, esposa o a una mujer con la que tenga o haya tenido una relación sentimental o de amistad, no se considera prueba suficiente para que ser catalogado como feminicidio, datos que dio a conocer el portal de noticias Animal Político el 10 de mayo.

En el caso de Yucatán, Sinaloa, Nuevo León, Oaxaca, Durango y la Ciudad de México la circunstancia 4 la reconocen como una agravante, pero si el caso no presenta alguna de las otras circunstancias el delito no se clasifica automáticamente como feminicidio, entonces ¿cuáles son realmente las cifras que demuestran el enorme problema al que nos hemos estado enfrentando?

Lamentablemente por razones como la anterior poco se puede confiar de las cifras, datos y de la misma ley. Solo llegamos a conocer como feminicidio los que cada entidad considera, los que se muestran en las notas de periódicos y portales de noticia, así como los casos que la agenda setting de los medios toman como relevante.

La forma en que se ha estado tipificando el feminicidio y al igual que el perfil son desde mi perspectiva y de acuerdo a las estadísticas en las cuales se basan, obsoletas pues si analizamos los casos que han salido a la luz pública, muchos de estos no han estado en el rango de edad que se estipula, ni en la escolaridad e incluso en el estado civil. Al tener casos con perfiles diferentes y cifras de años pasados como referencia, se terminan disolviendo las estadísticas de feminicidios que se han publicado y con ello la incertidumbre de no saber cuántas mujeres han muerto por razones de género.

Aun no teniendo el número real de feminicidios, el escenario de nuestro país en cuanto a la violencia de género exhibe que el problema es realmente grave, que vivimos en un país donde las mujeres no conocen la seguridad y la libertad, sobre todo que aún nos señalan como principales motivadoras de actos en contra de nuestra persona.

Una evidencia clara de este escenario son los 7 estados en Alerta de Violencia de Género y 14 más con solicitud en proceso, los datos de la ONU que muestran que en nuestro país 7 mujeres son asesinadas cada día, donde según el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio entre 2012 y 2013 fueron asesinadas 3 mil 892 mujeres, solo 613 de estos casos fueron investigados y solo el 1.6% recibieron sentencia. Además de tener estados como Oaxaca, en el que basta con saber que en el primer trimestre del nuevo gobierno, 21 mujeres fueron asesinadas, 752 más sufrieron violencia intrafamiliar y 145 reportaron algún abuso de tipo sexual, de acuerdo a Rosario Villalobos Rueda de la Fiscalía Especializada en Delitos contra la Mujer por Razón de Género.

Además de vivir en un país en el que hombres y mujeres aún dicen “para que se viste así”, “de seguro algo hizo”, “para que sale de noche”, “ella se lo busco”, “para que lo provoca”

¿Qué se ha hecho entonces para combatir la violencia a nivel nacional?

En México se impulsaron cambios en la legislación y las políticas públicas, de las cuales el 1 de febrero de 2007 y reformada el 20 de enero de 2009, se promulgo la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, donde se establecen los lineamientos jurídicos y administrativos con que el Estado debe intervenir en todos sus niveles de gobierno, para garantizar y proteger los derechos de las mujeres a una vida libre de violencia.

Ley que incluye el Programa Integral para Prevenir, Atender, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres; el Sistema Nacional de Prevención, Atención, Sanción y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres, entre otras atribuciones de las entidades.

La ley ahí está, parece contemplar el problema de la violencia de género desde varios puntos, estipula, es clara y al leerla se entiende lo que pretende, se confía y se cree en ella, pero entonces me pregunto ¿por qué no ha dado resultados?

No dudo del objetivo de esta ley y de los principios que orientan la aplicación de la misma, pero sí de la eficacia que ha tenido y no porque la ley sea por sí misma insuficiente, más bien considero que el problema de su ineficacia reside en la poca aplicabilidad de la misma, en la poca sensibilidad y apropiación del problema que han tenido las autoridades correspondientes, a la poca información que la misma ciudadanía ha tenido con respecto a este tema y ley, porque a pesar de que el panorama sea evidente, aún seguimos segados por la indiferencia, aún seguimos creyendo que no somos o seremos víctimas.

Fuente: Cuarto obscuro

Leyes, programas, sistemas, acuerdos, sentencias, reformas o campañas no servirán si no escuchamos y prestamos atención, si quienes las crean y las ejecutan no creen ellas y en el problema, si seguimos siendo egoístas y teniendo tan poca o nula empatía con esta situación, me atrevo a asegurar que si seguimos actuando de la misma forma nada de lo que se intente hacer servirá a grande escala.

Para que la violencia, discriminación e invisibilidad de las mujeres dejen de tener presencia, no creo que tengamos que esperar a que los sistemas constitucionales lo solucionen y muchos menos esperar a que seamos víctimas para actuar.

Demostremos unos a otros que el respeto no es un disparate, que la tolerancia existe, que hombres y mujeres somos un equipo, que las oportunidades no dependen de nuestro sexo o género y algo tan simple como ser capaces de no juzgarnos por como vestimos o por nuestros gustos, así como dejarnos muy claro que nuestros derechos terminan donde inician los del otro.

Hay mucho de lo cual aún falta por hablar de los feminicidios y la violencia de género, son desde mi perspectiva un problema muy complejo y les puedo asegurar que si un día se proponen leer casos, números, acciones y demás notas que hablen sobre el tema, será imposible dormir y andar por la calle como si no pasara nada, pero eso no es tan malo porque entonces sentirán que es real y será difícil de ignorar.

 

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